jueves, 6 de diciembre de 2012

Libertad de opinión

Hoy, te invitaría a que te concedieras libertad.  Concédete tu mismo libertad sobre lo que te han enseñado, la sociedad, tu familia y  amigos, por tus escuelas e iglesias. Concédete libertad a pesar  de esas creencias de las que te has formado tu  mismo, basadas en lo que has experimentado a lo largo del camino. Permítete la libertad total para descartar cualquier creencia que te ha estado limitando,  cualquier modalidad en la que sientas que no puedes abierta y libremente expandirte y evolucionar, debido a algo que has aceptado como verdad.   

Tienes el poder de creer lo que desees creer. Solamente te pido que  bases tu creencia en el amor en vez del temor, en luz, en vez de oscuridad y que  resplandezcan brillantemente dentro de tu mente y de tu corazón como un faro de luz  que te muestra el camino hacia una vida tranquila, amorosa y  satisfactoria.

Toda tu vida puede ser este faro de luz, si tu permites que el temor, la oscuridad y las sombras de duda se desplomen.  Sí,  yo sé que la vida impone muchas demandas y esa duda, preocupación y pena se acumulan durante el día. No te preocupes; simplemente  despéjate cada mañana, llénate con amor y luz y comienza nuevamente.

Y mientras haces esto, permítete creer absolutamente en tu propio poder y en tu yo evolucionando.  Encontrarás que ciertas creencias se convertirán en limitantes a medida que crecen y se expanden. Permítete dejar caer estas creencias restrictivas y da un paso más allá hacia la luz. No te preocupes con lo que otros puedan pensar. Siéntete libre de aceptarlo como una metáfora para lo inconocible.

Como un ser humano, estás limitado en las formas que puedes comprender las cosas debido a las imágenes que has experimentado directamente en esta vida o en las imágenes que te han sido introducidas por la sociedad. En una sociedad Cristiana, por ejemplo, la imagen de un ángel forma mucho más una parte de la cultura y así puede resultar ser una metáfora poderosa para cierto tipo de energía. En otras sociedades, este lugar es mantenido por animales de gran poder. Siéntete libre de  emplear cualquier metáfora que te moverá hacia el amor y la luz y  la convertirá en su medio personal propio para alcanzar un poder mayor.

El poder y la energía están allí para que tu tengas acceso. Está en tu interior y rodeándote, porque tu eres uno con todo lo que es. Tu eres uno con la inmensidad, con la Gloria y el tremendo poder de todo el universo, y tu puedes aprender a tener acceso a ella.   Pero este acceso  evolucionará a medida que te expandas; necesitarás encontrar nuevas formas para moverte hacia un poder y luz  mayores.   Encontrarás algunas creencias religiosas dando lugar a nuevas creencias expandidas, pero  aún no quieres perder  tu bienestar de lo viejo. No te aflijas por esto. No   te preocupen en absoluto. Date la libertad de tomar cualquier imagen o creencia y permite que evolucione y cambie de formas que funcionen para ti. Siéntete libre para desarrollar nuevas imágenes y metáforas también. Permite que todo fluya y evolucione a medida que lo haces tu.

Muévete siempre hacia la luz. Muévete siempre hacia el amor. Muévete siempre elevándote hacia energías más puras y superiores, energías que sostienen gran poder pero son inescrutables en su limitado vocabulario.  Aprende a vivir con misterio, porque  este sostiene el poder más grande de todo. Si tu puedes solamente utilizar lo que puedes racionalmente explicar, entonces tu estás limitando tus experiencias de gran manera. Aprende a vivir con paradojas y con misterio y serás capaz de seguir el rastro del gran poder del amor y la luz fácilmente.  Los límites serán disueltos ante ti. Las puertas girarán abiertas.  

No preguntes por qué, pregunta solamente qué y cómo. ¿Qué haré ahora en este momento?  ¿Cómo procederé en la próxima etapa que debo tomar?  Estas son las preguntas que debo formular y su contestación te llenará con el  poder increíble que está allí para ti.

Llena tu mente y tu corazón con amor y luz. Llénate con gratitud por esta vida preciosa y bendita, por tomar una respiración más en este glorioso día.    Luego da un paso hacia el poder del ser, el poder que es tuyo, si permites solamente que se abra y se te despliegue en la gran libertad de tu mente y corazón.

Abraza tu libertad primero. Luego permite que las ideas se acomoden en tu interior como lo harán.

Ver las cosas claramente

El aspecto más importante del camino espiritual puede ser, simplemente, seguir moviéndose.

¿Qué hago con la mente cuando me encuentro con mi rival? En lugar de quejarme o rechazar la experiéncia puedo dejar que la energía de la emoción, la calidad de lo que estoy sintiendo, me atraviese el corazón.

Estado de ausencia de ego.

Descubro la ausencia de ego cuando todos mis esquemas se caen a pedazos.

Medito cada día para hacerme amigo de mis miedos y esperanzas, una y otra vez. Me permite estar despierto en medio del caos de lo cotidiano.

La meditación me ayuda a estar más despierta en mi vida cotidiana.

Con la meditación empiezo a tomar conciencia de lo que ocurre. Aunque siga huyendo, puedo ver claramente que lo hago.

Pero el hecho de ver las cosas claramente no las hace desaparecer. Simplemente veo las cosas con claridad.

Con esa claridad, las emociones o estados negativos pierden fuerza y se desgastan, aunque no desaparezcan. Empieza a surgir una perspectiva más amplia, más iluminada.

Reconozco lo que surge sin juzgarlo, dejando que los pensamientos simplemente se disuelvan y vuelvo a la apertura del momento presente.

Si hay que morir, mejor saberlo

El paciente debe conocer a qué se enfrenta y recibir un mensaje de esperanza
Los médicos no están formados para comunicar ese desenlace


¿Mejor soltarlo de golpe o poco a poco? ¿O dejarse llevar por la presión de los familiares y no contar toda la verdad? ¿O acaso escurrir el bulto y ceder la responsabilidad al médico residente? Uno de los actos asistenciales más complicados y desagradables al que probablemente cualquier médico se enfrentará a lo largo de su vida profesional no tiene que ver con saber curar, diagnosticar o avanzar un pronóstico, sino con ser capaz de transmitir adecuadamente a su paciente una mala noticia o, incluso, la peor noticia sobre su estado de salud. Y la clave para trasladar correctamente este mensaje tan poco gratificante, según apuntan los especialistas, consiste en decir siempre la verdad pero poco a poco, adaptándose a la capacidad de asumir la información del propio paciente y su familia, y en un ambiente lo más acogedor posible.
      En el 90% de los casos la familia trata de blindar al paciente
Muchos pacientes que llegan a unidades paliativas ignoran su estado
En una sanidad cada vez más tecnificada, como la actual, la principal herramienta del doctor en estas situaciones, frente a frente con su paciente, no es ningún equipo de última generación, sino, más bien, confiar en algo tan barato como su capacidad comunicativa, sus facultades para empatizar con el enfermo y de poder gestionar la tensión emocional del momento, unas habilidades que, tradicionalmente, no se han enseñado en la universidad. "Es de los actos médicos más difíciles que hay y, a pesar de ello, no se enseña a hacerlo", reflexiona Marcos Gómez Sancho, responsable de la unidad de paliativos del hospital Gran Canaria Doctor Negrín y uno de los pioneros de este tipo de asistencia en España.
Y es tan complejo por distintos motivos. Por un lado está la negativa de la familia, con la mejor intención, a trasladar al enfermo la gravedad de su situación. "Esto es frecuentísimo, me atrevería a decir que sucede en un 90% de los casos, y aún me quedo corto", indica Gómez Sancho, autor del libro Cómo dar las malas noticias en medicina. Este paternalismo, precedido por frases del estilo "yo le conozco y sé que no le conviene nada saberlo", mucho más frecuente en sociedades latinas como la española que en las anglosajonas, "sabemos por experiencia que es contraproducente", indica este especialista en asistencia a pacientes terminales.
A ello se suma lo que Antonio Pascual, responsable de la unidad de cuidados paliativos del hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, denomina la "cultura del escamoteo de la muerte". En una sociedad como la actual en la que se idolatra la juventud, la imagen y la salud, "llegamos a creernos inmortales y existe una conducta generalizada de evitar la muerte". Todo ello se traduce en una "actitud social de ocultación de la realidad" que hace mucho más duro asumir este tipo de informaciones y, también, trasladarlas por parte de los médicos.
De hecho, hay varios estudios que ilustran claramente esta circunstancia. Un ejemplo de ello son los datos de los enfermos que acceden a la unidad de paliativos del hospital de la Santa Creu i Sant Pau. De los 600 que llegan cada año, todos ellos personas en situación terminal, el 45% desconoce que su tumor está tan avanzado que no tiene curación. Es decir, a todas estas personas ningún médico les ha expuesto con claridad su estado de salud o, si lo ha hecho, el mensaje no ha llegado correctamente a su destinatario. "La mayoría de ellos sabe que tiene cáncer, pero no sabe que es incurable", insiste el responsable de la unidad, Antonio Pascual.
Otros estudios inciden en los factores que explican los fallos de transmisión de este tipo de informaciones. El propio Pascual comenta que en encuestas realizadas a personal sanitario, el 90% sostiene que les gustaría tener una buena información en el caso de que le sucediera algo grave. Pero, paradójicamente, cuando a los mismos profesionales se les pregunta si ellos mismos informarían a un ser querido, la tasa se desploma a porcentajes entre el 40% y el 50%.
Hay otros factores que sirven para explicar esta falta de fluidez en la comunicación, como la escasa formación específica en estas habilidades entre los profesionales, un aspecto que ya se está corrigiendo. "En las facultades de Medicina de Barcelona, Lleida, Las Palmas y Pamplona ya se imparte la asignatura de cuidados paliativos, y en el futuro también se hará en el resto de centros, ya que el plan Bolonia obliga a todas las universidades a impartir esta asignatura", comenta Gómez Sancho. Materias como ésta sirven también de contrapunto a la medicina tradicional obsesionada con la curación, incluso en momentos en los que ya no es posible, lo que lleva en ocasiones a insistir en tratamientos que tienen un margen de éxito muy limitado pero permiten agarrarse a la función clásica de la medicina curativa.
En esta lista tampoco hay que olvidar el exceso de trabajo de muchos de los profesionales que, a veces, no pueden dedicar el tiempo que requeriría explicar adecuadamente a un paciente que tiene una enfermedad incurable. O incluso el desgaste profesional tras años de ejercicio que se traduce, entre otras cosas, en una pérdida de sensibilidad hacia el paciente.
Todos estos factores describen cuál es el escenario actual de la situación. Y explican los fallos que se producen en ese momento tan determinante en la vida de una persona, cuando se le dice que padece una enfermedad grave o que se encuentra en el trayecto final de su vida. ¿Cómo trasladar adecuadamente a una persona que la medicina no tiene recursos para curarle?
La ley establece el derecho del paciente a ser informado. Ya lo hacía la Ley General de Sanidad de 1986, que hablaba de informar al enfermo y sus familiares -lo que Gómez Sancho interpreta como una "aberración paternalista"- y lo hace la Ley de Autonomía del Paciente de 2002, que corrige esta situación y señala como único destinatario al paciente y quien éste autorice. Él es "el dueño y el protagonista de esta historia", como subraya el responsable de la unidad de paliativos de Las Palmas.
Sin embargo, una cosa es trasladar un diagnóstico adverso y otra "disparar a la cara del paciente su situación, escupiendo la información de forma brutal, incluso aventurando plazos de supervivencia del tipo 'a usted le quedan tres meses', algo que no se debe hacer". En países como Estados Unidos, la obligación legal que tienen los médicos de trasladar al enfermo su situación, y el terror que tienen a que los pacientes o su familia presenten una denuncia por no haber cumplido con este deber, ha llevado a que se generalice esta práctica, como indica Gómez Sancho. Es una modalidad de medicina defensiva que aún no ha llegado a España, pero podría hacerlo, como advierte este especialista. "En el caso de ocultar un diagnóstico y, por ejemplo, en lugar de un cáncer de pulmón comunicar que tiene una pulmonía, puede costarle al médico hasta cuatro años de cárcel".
El objetivo es informar, no sólo porque lo diga la ley, sino porque siempre que se haga con sensibilidad, y modulando el flujo de información a las necesidades del enfermo, la vivencia en el proceso final de la enfermedad será mayor. Hasta el punto de que la información se puede transformar en una herramienta terapéutica más. Antonio Pascual recuerda casos en los que, tras derrumbarse la conspiración de silencio que se había levantado en torno al paciente por parte de la familia, a pesar de las dificultades de la situación, los enfermos sienten cierta liberación. "Cuando tienen toda la información te comentan que han podido enriquecerse mucho gracias a la enfermedad, que han tenido la ocasión de vivir experiencias con la familia que no podían imaginar".
Todo este proceso de comunicación requiere unas condiciones especiales, "algunas de ellas muy obvias", pero no por ello menos importantes, como señala Antonio Pascual. "Para informar bien hay que tener un respeto profundo por la persona que tienes delante", señala. "Es una perogrullada, pero es fundamental, así como contar con un espacio adecuado y dedicar el tiempo necesario". Hay temas que no se pueden abordar a la salida de un quirófano, en un pasillo o delegarlas en el oncólogo residente después de pasar visita.
"Hay que decir la verdad siempre", prosigue este especialista. "Pero tan importante como lo que se dice es cómo se dice". Por ello, la obligación del médico es adaptarse a cada persona. "Cada uno tiene una reacción distinta ante la enfermedad y hay que amoldarse a ello". En esta tarea, hay un aspecto central, que consiste en saber por parte de los médicos qué conocimiento de la enfermedad tiene el paciente. "Se suele hacer a través de preguntas abiertas, del estilo '¿Cómo ve usted la enfermedad?". Es un trabajo progresivo, que puede llevar varias consultas y en el que los especialistas tratan de que el paciente se abra.
Una cosa es la información que se cree que se da y otra la que comprende el paciente. "Hay que tener en cuenta su situación de shock y el bloqueo en el que se encuentra el enfermo, que dificulta su capacidad de comprensión". De hecho, hay especialistas que trasladan información por escrito para que pueda ser mejor asumida por el paciente.
La conversación debe concluir con una puerta abierta a la esperanza. "El final siempre debe ser la total disponibilidad del equipo médico y de la continuidad de los cuidados", comenta Pascual. "Aunque pueda parecer paradójico, la información, por muy negativa que sea, debe ir siempre seguida de esperanza, que puede ser la de estar bien cuidado, de garantizar que se le va a tratar el dolor y que el sistema sanitario no lo va a abandonar en el proceso que tiene por delante".
En todo ese proceso, Pascual insiste en que hay una norma clara: "No mentir". "Una cosa es informar poco a poco y otra engañar, eso sólo hace daño". En una situación delicada la confianza del enfermo está depositada en su médico y sus familiares. Si se siente traicionado por ellos, el desamparo es total.
Como para todas las reglas, también para ésta existen excepciones. Una de ellas se refiere al enfermo que prefiere no saber lo que le sucede. "Es algo excepcional, pero hay que tener esta precaución", comenta Gómez Sancho. No es imprescindible que haga explícita su voluntad, con no hacer preguntas sobre su estado es suficiente.
En el otro caso es el médico quien toma la decisión de no informar por considerar que no le conviene al enfermo al encontrarse bajo tratamiento psiquiátrico o presentar antecedentes de intentos de suicidios. Es el llamado privilegio terapéutico. "Siempre que esté debidamente acreditado en su historial clínico, ningún juez podrá rebatir que no se le haya trasladado la información".
Jaime Prats

miércoles, 8 de febrero de 2012

SOIS MIS ESPEJOS

Intento no hacer daño, aunque a veces lo haga sin ser consciente y otras sea de una ironía venenosa. Esas las menos, cuando ya no puedo más y me defiendo del ataque como puedo. Fue una actitud que aprendí de una mala persona que conocí, más que mala tremendamente dañina. Luego entendí que dañar solo sirve para extender el dolor y la rabia, para descargarla sin razón en otros. Acogí la fórmula de no enfrentamiento a las malas, intentar comunicar y expresar mis necesidades sin mucho éxito, la verdad. Así que casi, casi, yo me lo guiso, yo me lo como. Esto me lo apunto para cambiar.


Aprendí a sentirme capaz, aprendí a tener fe, si no tanta en mi misma, sí en mis guías. Por eso hablo de ellos y doy tanto las gracias, cuento con ellos para lo que hago. Creo firmemente que existen. No lo puedo demostrar pero gracias a ellos, a pedirles ayuda y a confiar he salido a flote muchas veces. Si no fuera así, creo que no hubiera llegado tan lejos.


Autoestima. Ponme una ración de las grandes. Muchas veces el sufrimiento me pesa horrores, más que todo lo bueno que acontezca o que disponga en mi. Mi padre me decía de niña, cuando presentaba el parte de notas, que no era suficiente, que lo podía hacer mejor. Hiciera lo que hiciera, no importaba, nunca estaba bien del todo. Él lo hacía para motivarme, métodos antiguos de enseñanza, y ese mensaje quedó de dos maneras, una autoexigencia enorme y pesada, aún a mi propia costa (física, mental y emocional), y una frustración constante que me lleva a considerarme no suficientemente buena, el anhelo de la perfección es irreal. Aterrizar debo.


Yo creo o quiero creer que lo positivo gana en cantidad y calidad a lo negativo, espero no engañarme a mi misma, no tanto por mi sino por los demás. Tengo claro que la imagen que yo muestro es lo que soy para bien o para mal. No sé ser de otro modo. Siempre pienso que podía haber hecho o dicho mejor, pero a toro pasado todo se ve de otra forma. Un poquito de reflexión y de ser más yo misma y no lo correctamente esperado es lo que necesito, vamos creo yo.


Me siento responsable de mi misma, a veces siento que me desvío, que me salgo del camino, porque para enseñar hay que predicar con el ejemplo y muchas veces me equivoco y de ello he de aprender, porque sois mis espejos, en los que ver parte de mi reflejo.Toda la fuerza, la sabiduría y el amor del universo están dentro de mí.


Gracias, lo sé. Necesitaba que me lo recordaras. Esta es una de las cosas que me has dicho que casi me hacen llorar de alegría.

LISTO PARA SALTAR

Existen momentos en tu vida cuando hay una acción específica para ser realizada y esta acción está claramente frente a ti. Las oportunidades resplandecen ante ti y puedes casi sentir y saborear las cosas que podrían resultar de esa acción que necesitas hacer. Hay momentos cuando el cruce de caminos aparece ante ti y tienes elecciones importantes para hacer, cada una de las cuales podría llevarte a nuevos lugares en tu viaje.


Y hay otras veces cuando puedes percibir que algo se acerca, pero no sabes de qué se trata. Puedes percibirlo y se siente como una oportunidad, pero no ha emergido aún el momento en que hagas tus elecciones o actúes.


En estos momentos lo que sentirás frecuentemente es un impulso por la rapidez. Sentirás que es el momento de comenzar. Y cuando sientas esas emociones, es un maravilloso regalo para ti mismo si les prestas atención, si te pones a trabajar en serio con disciplina y comienzas tu preparación, aunque no tengas una oferta concreta u oportunidad ante ti.


Debes darte cuenta que estás intuitivamente conectado con todo lo que existe, y en el nivel de la conexión intuitiva, tú verdaderamente sabes qué está sucediendo alrededor del mundo. Sabes y estás conectado a los pensamientos y planes de otros. Y fuera de esta vasta sopa de pensamientos, emociones, intenciones y planes, tu yo intuitivo sabe qué cosas son los hilos que te conectan con otros cordones colocados hace largo tiempo y que están comenzando ahora a activarse y vibrar. Y esto lo sientes como una emoción en tu interior, algunas veces un extraño y vivo deseo, otras veces un pequeño signo de sincronicidad, como una señal. No puede ser expresado en palabras porque es demasiado vasto, pero es muy real.


La rapidez tiene su propia energía. Cuando estás puliendo una habilidad, practicando una disciplina, estudiando, aprendiendo, esto crea una energía impulsora, que mueve las cosas hacia ti. Y si estas son cosas que has estado persiguiendo, quizás más aún. Respecto a las cosas que has dejado de lado con amarga desilusión, verás que existen senderos que ya están establecidos que pueden ser reactivados en la gran sopa de conexión, simplemente ejercitando estas actividades otra vez.


El prepararse y estar listos son grandes activadores. Teniendo el guión a mano y tu mente expandida con nuevo conocimiento y habilidades, te conviertes en un gato listo para saltar. Y mientras esperas y atraes oportunidades hacia ti a través de la rapidez, se como el gato, estando completamente relajado y no obstante, completamente consciente en el último estado de respuesta.


Todo esto sucede sin una expectativa específica. Todo esto ocurre siendo consciente de que tú no sabes lo que está llegando a tu camino. Y ya que no tienes expectativas, ya que no sabes cuándo las oportunidades se manifestarán, entonces relájate. No existe ninguna necesidad para disgustarse y abandonar.


Esta es tu vida. Nunca existe una razón para abandonar. Puede llevar años antes que esas habilidades sean verdaderamente ejercitadas en la forma correcta, justo en la oportunidad correcta. Pero mientras tanto tienes el gozo de expandirte, tienes el regocijo en tus realizaciones. Muchos son los regalos por estar listos y disciplinados y el logro de una expectativa en particular es ínfimo.

CUANDO TODO SE ME VIENE ABAJO

Cuando todo se me viene abajo es una prueba y también una curación. Pienso que hay que pasar la prueba o superar el problema, pero, en realidad, las cosas no se resuelven. Las cosas se caen a pedazos y despues estos se vuelven a juntar. Simplemente sucede así. La curación proviene del hecho de dejar espacio para que todo esto ocurra: espacio para la pena, para el alivio, para la aflicción y para la alegría.


Lo más importante de todo es dejar sitio para el no saber.


Cuando vivo una gran decepción no se si ahí se acaba la historia, también podría ser el principio de una gran aventura.


La vida es así. No sé nada. Digo que las cosas son buenas o malas, pero, en realidad, no lo sé.


El sufrimiento es inevitable.


Este mismo instante es la semilla para cuidar de aquellos que necesitan mis cuidados y para descubrir mi bondad, para sentirme.


La vida es un buen maestro y un buen amigo. Las cosas están siempre en transición. Nada sucede al gusto de mis sueños. El hecho de sentirme fuera de sitio, en un estado de descentramiento, es un estado muy sensible, no agresivo y de final abierto.


Permanecer en esa agitación, permanecer con el corazón roto, el sentimiento de estar desvalido y queriendo venganza, ésa es la senda del verdadero despertar.

YO SUJETARÉ LA CUERDA MIENTRAS TÚ ESCALAS EN LAS PROFUNDIDADES DE LA CAVERNA

Acompañas a la persona en un viaje. Viajáis juntos por un territorio ignoto. Esta persona no necesita que le digan dónde mirar, o qué es hermoso, ni que le expliquen las cosas. Lo único que puedes hacer es ayudar a retirar los obstáculos del camino, para que la persona pueda comunicarte lo que ve, para que te describa la plenitud, la belleza y la extrañeza del territorio por el que viaja.


Para que esto ocurra, ha de haber cooperación mutua. Necesitas una relación de confianza y franqueza, de humanidad compartida; necesitas comprender que esa persona es un ser humano pleno, que se relaciona contigo en la plenitud de tu humanidad.


En este proceso, luchamos para encontrar un sentido a nuestra experiencia. Es preciso que te abandones. Que renuncies a tu idea de lo que tienes que ofrecer y atiendas a lo que la otra persona realmente te pide. Por lo general, lo que más desean es tener a alguien a su lado, alguien que comprenda que viven una situación temible, aterradora.


Yo también tengo miedo, porque ignoro las respuestas. Sólo poseo lo poco que poseo. Te acompañaré mientras pueda. No estás solo. Sujetaré la cuerda mientras tú escalas en las profundidades de la caverna. No te soltaré, pero no puedo descender a la caverna contigo. Estoy aquí. Estoy sujetando el extremo de la cuerda y haré todo lo posible para ayudarte a subir.


El mejor regalo que puedes hacer a una persona en esta situación es comunicarle que estás a su lado, hacerle espacio, proporcionarle el entorno que le permita realizar su propio viaje más plenamente.

CUIDADOS ESPIRITUALES.
EDITH CAMPBELL (NUEVA YORK)